lunes, diciembre 04, 2017

Je voudrais simplement pouvoir te regarder

No tuve ni tengo el valor para decir 80 millones de cosas. Cuando di la media vuelta, algo cambió. Después, al algoritmo de Spotify le pareció buena idea acribillarme con canciones como "La vie en rose". Quizá no sé cómo decir tantas cosas, pero esta canción lo dice mejor: "Je voudrais simplement pouvoir te regarder".





domingo, julio 16, 2017

Extraño

Extraño los años dorados de los blogs, de los relatos largos, los comentarios y los vínculos que se hacían a partir de las letras compartidas. Extraño los tiempos en que el blogroll revelaba una actividad constante y no últimas actualizaciones de hace siete meses, un año o dos o tres. Extraño mucho eso.

jueves, marzo 09, 2017

Esa noche

Parece haber estado ahí, durante meses, en espera de ser encontrada en los archivos para atacar con un torrente de recuerdos. La rutina de respaldar en el disco duro externo, en la nube y en todo lugar, me llevó a una foto que tomé esa noche. Tomo fotos todo el tiempo y hay unas muy buenas, ésa no es una de las buenas, pero, ¿qué más da, si tiene el superpoder de trasladarme a aquella noche increíble?

miércoles, febrero 01, 2017

Llueve afuera...

"Llueve afuera, sí... y también dentro de mí, lloro por ti, porque tú te has marchado y jamás volverás. Estás lejos de mí, sin tu amor, qué dolor, la tristeza me invade y no se marchará". Así decía una canción que cantamos alguna vez, en una clase de canto. Hoy la recordé, mientras viví un episodio cómico-mágico-musical en la oficina. Sucede que, justo a la hora que salgo a comer, estaba lloviendo, así que opté por esperar a que escampara un poco. Casi 40 minutos después, dejó de llover, casi hasta salió el sol y emprendí la caminata hacia casa... pero ni siquiera logré llegar a la puerta de la universidad, cuando la tormenta había regresado. Volví a guardarme y volvió a dejar de llover. Mientras tanto, esa canción estuvo en mi mente toda la tarde... y no es la primera vez que me pasa.

miércoles, enero 25, 2017

Para después reconocernos otra vez...

A veces me asusta cuando alguien del "pasado" reaparece. Alguien de mayo se hizo presente el 1 de enero... y el 2 y el 3... y mucho más... y esta vez me dio gusto la reaparición. Él estuvo conmigo en un momento clave de mi vida (al menos, de la parte de mi vida que viví en 2016), en el cual muchos cambios se concentraron en unas horas, e hizo magia. Quiero recordar siempre ese encuentro como un momento feliz. No importa si volvemos a vernos o si no, haber coincidido aquella vez fue maravilloso.

miércoles, enero 18, 2017

dosmildieciséis

Quienes me conocen saben que en la vida cotidiana suelo ser puntual, pero saben también que, por algún extraño motivo, siempre llego tarde cuando se trata de publicar algo, no importa si se trata de fotos de algún viaje (a veces las subo un año después) o de un recuento del año, como éste. Quizás es que necesito tiempo para pensar o tal vez es simplemente que la procrastinación es parte de mi vida.

2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?

Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.

Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.

Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.

Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.

La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)



En resumen, fue un gran año, lleno de cambios. Aquella vez, en San Francisco, compré una libreta muy interesante: tiene una pregunta para cada día del año, pero en cada una tiene cinco espacios para responder la misma pregunta durante cinco años seguidos, con el fin de hacer evidentes los cambios. En los días que van de enero, he visto tanto continuidades como cambios. Quizá por eso sigo haciendo recuentos, para hacer memoria de quién soy y cómo me voy transformando con el paso de los años.

domingo, julio 24, 2016

British border control

Siempre pensé que los border control de los gringos eran terribles, pero hoy conocí la versión British en suelo francés y extrañé a los gringos.

Debía tomar el Eurostar de las 12:13 horas de París a Londres y, según el boleto, era necesario estar ahí 30 minutos antes. En realidad sólo estuve 28 minutos antes, después de atravesar corriendo la Gare du Nord, pero no habría bastado ni con 45 minutos, sospecho.

Después de que los franceses pusieron en mi pasaporte el sello de salida del espacio Schengen, pasé al border control de los British. Había dos filas, as usual, la de European Union citizens y la de other passports, las dos igual de largas y de lentas, creo que avanzaban dos milímetros cada cinco minutos. Decidieron entonces abrir una tercera fila sólo para los pasajeros del tren de las 12:13, sin distinción de nacionalidades. ¡Gran idea! Casi todos íbamos a ese tren, así que había una sola agente para nosotros y cuatro agentes más para los pasajeros de trenes que salían más tarde, why not?

Esta fila era más lenta. Se fue el tren y al menos 20 personas seguíamos atoradas en la fila. A varios de nosotros nos regresaron porque no habíamos llenado la forma migratoria. Ah, claro, es que olvidaron dárnosla porque estaban ocupados cambiándonos de fila. Terminé de llenar mi forma justo cuando me tocó pasar con la agente. Ella intentó regresarme otra vez, porque dejé en blanco el número del tren en el que iba... pues, ¿cómo le explico que no sé, que el tren que debí tomar se fue mientras andaban con sus numeritos? Pero ella seguía instalada en el rechazo. Me salió la francesa que no soy y empecé a hacer esa expresión que hacen ellos cuando algo les molesta (es decir, casi siempre), que es simplemente un ruido con la boca. Parece que usé una varita mágica, porque a partir de eso, la actitud de la agente cambió, me siguió haciendo 40 millones de preguntas, pero en un tono más amable: que cuál es mi asunto en London, que por qué estaba en París, que a dónde iré después, que por qué el sello de entrada al Schengen que tiene mi pasaporte es de Amsterdam, que a qué me dedico en México, que por qué voy a dos congresos en vez de a divertirme. Total, que con tanta preguntadera casi pierdo el siguiente tren, el de las 12:43, why not?

viernes, julio 22, 2016

Paris sera toujours Paris

Nunca fue mi sueño de la vida venir a París, pero la vida me trajo aquí (y a Louvain la Neuve) en 2014, para hacer una estancia corta de investigación. Casi no hablaba francés (sigo hablando poco y mal, btw), tenía una beca en pesos mexicanos que se hacía increíblemente chiquita cuando se convertía a euros y no conocía gente por estos rumbos. Para colmo, me lastimé un tobillo en la segunda semana de estancia y me tuve que chutar una atención médica deficiente y dos semanas de la ecuación férula + escaleras y laberintos de las estaciones del metro + la poquísima o quizás inexistente solidaridad de los parisinos.

Mientras arrastraba mi patita bandola, empecé a ver a quienes iban a la misma velocidad que yo, es decir, a los viejitos. Alrededor de la CitéU que fue mi casa esas semanas, había muchos viejitos con la vida económicamente resuelta, pero con otras necesidades. Estaban solos, algunos enfermos, con problemas de movilidad... y yo, que he pasado mucho tiempo sola y he sido muy feliz sola, empecé a preguntarme si quería llegar sola a esa edad. Tuve que venir hasta acá para descubrir un miedo a la soledad que no sabía que tenía.

No sé si fue por todo lo que aprendí, por la gente linda que conocí o porque esta ciudad -a su modo- es adorable, pero se convirtió en mi casa. Ha pasado poco más de un año y medio y, al planear un viaje ñoñísimo a Viena y Leicester, sentí la necesidad de estar aquí, como si se tratara de volver a casa. Paris sera toujours Paris...

domingo, julio 03, 2016

Hasta siempre...

Hasta siempre, UAA. Fueron (en total) 15 años muy interesantes.


domingo, junio 19, 2016

Let me sing you a waltz

Si todo el semestre había sido una montaña rusa, la última semana de mayo fue la parte más intensa: después de una subida que parecía lenta y dolorosa, siguió una bajada sorpresiva, rápida y casi violenta. La incertidumbre, el momento de la crisis, una conversación que atravesó el Pacífico, noticias de San Luis Potosí, noticias de León, noticias de Querétaro, un British en el momento menos esperado, un evento académico, look at the expert, la noche loca, un viaje relámpago nomás por no dejar, una sala de espera con música clásica en la madrugada, el regreso, las otras dudas, el fut, un paisaje increíble, una promesa de reencuentro. No quiero olvidar cada momento de esa semana, cada lágrima, cada momento de felicidad, cada sorpresa.